El fin de la insularidad
El Túnel permitió la unión de un territorio aislado por los ríos, y constituyó un valioso antecedente de acuerdo político federal entre dos provincias. En Paraná motorizó el desarrollo urbano de las zonas norte y este.
*) Por Jorge Riani.
Ese 1969 no fue cualquier año en la historia mundial. Promediando el almanaque, la humanidad descubría –expectante, emocionada, conmovida– las imágenes de la llegada de tres terrícolas a la Luna.
Sin embargo, Paraná y Santa Fe reservaban emociones para un acontecimiento propio capaz de disputarle expectativa al gran suceso universal. Es que casi cinco meses más tarde se iba a inaugurar el Túnel Subfluvial que permitió la unión de ambas capitales provinciales.
Cuando el sol alumbró la jornada del 13 de diciembre de 1969, una emotiva efervescencia ya ganaba las calles de la capital entrerriana. Los paranaenses que tuvieron la suerte de transitar esas horas acudieron a un acontecimiento sin precedentes en la historia urbana: el fin de la insularidad.
El Túnel fue eso pero mucho más también. En principio fue el ejercicio de federalismo entre dos gobiernos provinciales que estaban dispuestos a contradecir una política de Estado de orden burocrático, egoísta y taimado: la oposición a que Paraná y Santa Fe puedan unirse con un puente o un túnel.
Se atribuye esa negativa a una hipótesis de conflicto de Argentina con Brasil. No es extraño que los sostenedores de esa teoría hayan visto el asunto como si esta parte litoraleña fuera ajena a la Argentina.
Los gobiernos santafesino y entrerriano, encabezados por Carlos Sylvestre Begnis y Raúl Uranga, respectivamente, firmaron un acuerdo que dejaban sin palabra al gobierno nacional. La decisión sería unir a ambas ciudades a través de un túnel que pase por debajo del gran río Paraná, porque esa jurisdicción correspondía al orden de las provincias.
Buenos Aires se atribuía potestad sobre el aire y sobre el río, pero no podía disponer de los suelos provinciales. El asunto político quedaba zanjado con la decisión más costosa y difícil: construir un camino por debajo del lecho de uno de los ríos más grande del planeta porque allí la Nación no tenía poder de veto.
El tratado interprovincial para la construcción fue firmado en 1960; las obras comenzaron en 1962 y la inauguración, como se dijo, fue en 1969. Pero el sueño de un enlace vial entre ambos territorios data de muchos, muchos años antes.
Algunos rastreadores de historias sitúan en 1911 el primer proyecto serio. Y así, durante todo el siglo, de tanto en tanto, surgían nuevas iniciativas, con sus correspondientes frustraciones.
Se escribió mucho sobre el Túnel y pareciera que nunca es suficiente. El diagrama y los estudios de los ingenieros, la aplicación de tecnología de última generación de su tiempo, la tarea épica de trabajadores, como los buzos tácticos que se internaron en la oscura profundidad el Paraná para unir los tubos, la extracción de minerales de las entrañas de la naturaleza circundante para procurarse materiales. Todo eso confluyen en la historia de una mega construcción que sacudió la tranquilidad de una pueblo chico con pretensión de gran capital.
El Túnel es tan entrerriano como santafesino. Aunque es probable que Paraná se haya vinculado a la obra de modo diferente en que lo hizo Santa Fe. Hay elementos objetivos para pensar que así haya ocurrido. Por ejemplo que el obrador haya estado en la cabecera entrerriana. Otro hecho es que el enlace subfluvial permitió la inclusión de esta provincia aislada por los ríos, mientras que Santa Fe ya estaba integrada al resto del continente. En cualquier caso, de ser así, medió la gran generosidad del pueblo santafesino que decidió apostar a una obra que, en ese entonces, era más útil para Entre Ríos que para Santa Fe.
Tres empresas, una argentina, otra alemana y la restante italiana, concretaron el viejo anhelo de unir la Mesopotamia con el resto del mapa argentino.
El Túnel fue como ese cordón umbilical que unió a Santa Fe y Paraná, aunque la unión de ambas venía ya de tiempos pretéritos. El desborde poblacional de la primera determinó, tempranamente, el destino de la segunda. El Túnel maravilla por su grandeza. Es que deja de manifiesto el alcance de la capacidad humana de sortear un obstáculo natural de proporciones magníficas.
Por qué debe estar
La foto de los obreros trabajando sobre uno de los 37 tubos que conforman el Túnel sintetiza todo el proceso de construcción. El autor de la foto es Nicolás Cicchitti, un reportero gráfico que se destacó por su labor en EL DIARIO y que encontró la muerte en plena tarea periodística.
Cubriendo una manifestación de la CGT se cayó de los techos de la sede gremial. Había subido para lograr una mejor toma, pero tuvo el accidente fatal.
Ciccitti documentó buena parte de la construcción del Túnel. Su esposa, Ileana Berardi obsequió esta y otras fotos a este cronista.
La foto de la construcción del Túnel debe estar integrando la veintena de imágenes históricas de Paraná por la implicancia social, económica y política que tuvo el hecho.
La población ganó en seguridad en los cruces y la provincia de Entre Ríos se unió físicamente al resto del continente por primera vez. Luego vendrían otros enlaces por puentes.
En términos urbanísticos, la apertura del Túnel abonó el crecimiento de la ciudad en la zona norte casi virando hacia el este. La ciudad tuvo un impulso de entusiasmo e iniciativa. Se abrieron nuevos espacios culturales, nuevos comercios y el país comenzó a ver a esta capital como un destino turístico interesante, quizás como argumento para conocer esa gran obra.
Con la apertura del Túnel, la ciudad tampoco fue la misma. Algo cambió para siempre. Y cambió para bien.
Fuente: El Diario , publicado en la edición impresa del domingo 4 de diciembre de 2016.
Jorge Riani
Periodista
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Fuente: comunicado/nota de FUNDER, sitio de FUNDER 2014-2020 (recuperado de archivo).
